14
Mar, Ago

Las capacidades de las plantas, afirmadas,entre otros muchos, por los especialistas mencionados en la primera parte del opúsculo, aun cuando limitadas a unas condiciones y a ámbitos muy restringidos, tienen la virtualidad de asombrar a la mayor parte de loscomunes homos, puesto que además comunicarse entre ellas y con los bichos aliados, o desplazarse, son susceptibles de estados afectivos, según los estudios que comenzaron con el alemán Gustav Theodor Fechner, hacía 1848, convencido como estaba de la dotación anímica y emocional de los vegetales, postulado que sustentaba, básicamente, en la activación del metabolismo interno en correspondencia a sucesos externos.

Para el profesor de neuro-biología vegetal de la Universidad de Florencia, Stefano Mancuso, autor del libro “Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal”, la familia de las  judías (phaseolusvulgaris) son las más habladoras de todas las plantas, puesto que  “cotorrean”  más mensajes químicos que ninguna otra, en forma de moléculas volátiles, de suerte que si un insecto ataca a la legumbre, ésta, a modo de estación de radio, difunde avisos   a los depredadores del bicho atacante, que responden a la llamada del frijol agredido.

Hemos de convenir con Cicerón en que la necedad, sobre todo, la que deriva de la cerrazóndeel tozudo militante, es quizás,  no la única, pero sí  la madre mayor de todos los males del mundo, de tal suerte que puede afirmarse que el profesional del mal, o sea, el malvado, va en inferioridad de condiciones frente al majadero, pues según opinaba Ortega  y Gasset,  el primero descansa en sus tareas de maleficencia, pero el segundo no,  debido a su distintiva infatigabilidad reforzada por la ignorancia supina de la que normalmente está dotado.

En torno al discernimiento del mensaje que motiva la publicación de la segunda parte del presente opúsculo, atinente al fomento de la bibliofilia infantil, no podemos omitir la contribución de Fernández Enguita, autor de más de una veintena de libros sobre educación, al señalar que “La biblioteca es, ante todo, un indicador, además de un componente, del capital cultural y escolar de la familia. Si un niño ve a sus padres leer interesados, ensimismados, riendo, etcétera, quiere aprender antes; y estos le incentivan. Y la escuela empieza masivamente por y gira hasta el final en torno a la lecto-escritura, que además es el caldo perfecto para el efecto Mateo,  (esto es), eso de que los ricos se hacen más ricos y viceversa, ya que como pregona Alfonso Echazarra, especialista del área de educación de la OCDE, “no es fácil ser pobre y tener más de 500 libros en el salón”, afirmación que podrá cuestionar algún descerebrado  apuntando a qué fue primero.

A poco que se repase someramente la historia de la psicología, obtendremos que las primeras pruebas de inteligencia datan de finales del siglo XIX, andadura que pudo ser iniciada por la escala concebida por Galton, hacia  1884;  siguiéndole la de Binet-Simon, en 1905; modelo éste último del que partieron copiosas variantes, como la  Stanfor-Binet (1916); y un sinfín de prototipos posteriores, muchos de ellos resultantes de la revisión  de estándares precedentes, enfocados las más de las veces a valorar  a ciertos colectivos de personas o  particulares rasgos del psiquismo (actitudes, conductas, …).

Cuenta el erudito predicador jesuita francés, Jacques Bénigne Bossuet, que las bibliotecas en Egipto eran las boticas del alma pues en ellas se curaba la ignorancia, la más peligrosa de las enfermedades. Ciertamente, así habría de ser puesto que la de Alejandría, capital de las tierras del Nilo,  fue la más grande biblioteca de la historia, habiendo dispuesto de un fondo cercano al millón de obras luego que, al decir de Plutarco, se incorporasen los 200.000 volúmenes de la de Pérgamo, por orden de Marco Aurelio.

A algunos, en su recorrido vital, comprendido entre la primera  oscuridad en que se erige la  nada desde la que se llega al ser; y, la segunda, que continua tras el breve intermedio biográfico, les sobrevienen distintas penumbras, causantes del desasosiego existencial que interpela  por el sentido de la vida,  la naturaleza de la realidad o sobre los distintos planos de laesencia del hombre.

Más artículos...