13
Mar, Nov

OPINION

El deporte se ha convertido desde hace mucho tiempo en uno de los pasatiempos favoritos de muchas personas. Pero no sólo es un pasatiempo como bien nos señalan desde las diferentes organizaciones relacionadas con la salud, sino que es una buena manera de estar en forma física y mentalmente, ayudando a luchar contra las enfermedades. Esto es especialmente extensible a los más pequeños, los cuales tienen que ser inculcados desde temprana edad a realizar ejercicio físico.

Aquí es donde entran en escena las diferentes escuelas deportivas, muchas de ellas impulsadas por Ayuntamientos pero otras desde clubes (fútbol, atletismo, natación…). Si bien el objetivo principal de ellas es fomentar e inculcar unos valores en los más pequeños, en ocasiones, se desliga la idea de la diversión y el aprendizaje por la competición.

Desgraciadamente, los padres y madres son, mayormente, los que llevan a devaluar esa enseñanza y por consiguiente, a la confusión entre los menores. Todos tenemos imágenes en la cabeza de enfrentamientos verbales o insultos provenientes desde la afición. Y por supuesto, la presión a la que se le somete al deportista joven en competiciones: “Tienes que ganar”, “hay que aplastar al rival”, “sal a por todas”… Son frases muy comunes que se les transmiten y que mandan un mensaje equivocado.

Esto es extensible a otras facetas del deporte como el amateur. Un apartado donde si bien el profesionalismo no queda lejos, aún los deportistas están distantes de poner ganarse la vida con ello. Esto quiere decir que se extiende lo que muchos pueden llamar hobby a una escala casi peligrosa: y es que aquí, los enfrentamientos verbales y físicos están a la orden del día.  

En definitiva, todo viene a perjudicar a los espectadores que muchas veces van a observar este deporte y que son el futuro: los más pequeños. Nos olvidamos que los mayores cumplimos una misión de educadores y en el deporte también es así. Hay que alejar a los niños de las conductas y esferas competitivas cuando son tan jóvenes e inculcarles valores como el compañerismo, el respeto, la deportividad… También está el reflejo de las malas conductas en el profesionalismo, que es mención aparte, pero no nos olvidemos, que lo que la mayoría de los pequeños imitan y aprenden no están en la televisión, sino en sus propias casas.