20
Lun, Ago

OPINION

En “De poética y poéticas”, el filólogo Lázaro Carreter sugiere que en el marco de la meta-poesía, el pronombre personal “yo” puede funcionar como “tú”, cuando el poeta se dirige reflexivamente a sí mismo, lo que acontece con frecuencia, sobre todo, en los componentes de la Generación del 98. Así, quien fuera un “gran observador de la realidad y de la naturaleza humana”,  el autor de “Platero y yo”,Juan Ramón Jiménez, decía: “Yo no soy yo. / Soy este /que va a mi lado sin yo verlo:/que, a veces, voy a ver, /y que, a veces, olvido”.El monólogo es también  recurrente en el sevillano, Don Antonio Machado, quien refería: “Converso con el hombre que siempre va conmigo, /quien habla solo espera hablar a Dios un día; /mi soliloquio es plática con ese buen amigo / que me enseñó el secreto de la filantropía”.

En cualquiera que sea  el ámbito,  literario, filosófico o psicológico, se aprecia comúnmente que la práctica  de hablar consigo mismo es propia de mentes lúcidas que cultivan  tales ramas del conocimiento; y, contrariamente a lo que pudiera suponerse, “pensar en voz alta”,no implica necesariamente que se padezca  trastorno mental alguno o signo de soledad (Lupyan – Swingley; Rojas Marcos), sino de aclaramiento mental e incremento del nivel de conciencia:  “Esta es costumbre de sabios / en las concurrencias callan / como si hablar no supieran / y a sus solas se arrebatan / y garlan como cotorros”, (Juan Pablo Forner; “El filósofo enamorado”).

Asumimos, en general, las bondades del “auto-diálogo”, pero no sin advertir que la maestría se halla en darnos cuenta, en cada instante, en lo que nos decimos y como nos lo decimos, puesto que quien no se percata de ello corre el riesgo de que el “otro yo” venga a usurpar o suplantar al “buen yo”,  es decir, a  “ese buen amigo” machadiano, del que, “a veces me olvido”, según el poeta de Moguer. En resumidas cuentas, no estar atentos al contenido de las “auto-conversaciones”, comportará que nuestra vida sea conducida por el “Gran Ego”, en estado próximo al del sonámbulo o hipnotizado; o lo que es lo mismo, quien no repara, comprendiéndolos, en sus pensamientos (verbalizaciones internas), pone su rumbo vital en manos del  “co-piloto automático”,  del yo superficial;  que nunca sabrá a dónde, con quien, o, para qué va.