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Vie, Abr

OPINION

Hemos de convenir con Cicerón en que la necedad, sobre todo, la que deriva de la cerrazóndeel tozudo militante, es quizás,  no la única, pero sí  la madre mayor de todos los males del mundo, de tal suerte que puede afirmarse que el profesional del mal, o sea, el malvado, va en inferioridad de condiciones frente al majadero, pues según opinaba Ortega  y Gasset,  el primero descansa en sus tareas de maleficencia, pero el segundo no,  debido a su distintiva infatigabilidad reforzada por la ignorancia supina de la que normalmente está dotado.

Para más agravamiento, la fenomenología presenta a una multitudinaria tipología de idiotas, de la que son exponentes, a título meramente indicativo, la clase de mastuerzos que hace ostentación de amistades, y como decía Pío Baroja, a mayor número de amigos, más cerril será el vanidoso; del mismo modo,conforme al conocido refrán italiano, son memos los que  replican constantemente a su interlocutor acerca del  “pero” y el “cuándo”; y, en fin,  un tercer colectivo de idiotas son los encuadrables en la categoría de “incontinentes verbales”, distinguiéndose por  paran su avidez para el “cotorreo” y manifiesto interés en ser el primero en opinar de lo que sea, y mejor, si es acerca de sí mismo; tal espécimen es el auténtico majadero de la oralidad, el tontaina de origen natural notado por la verborrea in extenso, según incontables tratadistas, por todos, Isabel de Rumanía o Pitágoras de Samos.

La cantidad y clases de necios es incontable,  pues al decir del sabio jesuita español, Baltasar Gracián, su universo está integrado por  los que lo parecen y la mitad de los que no lo aparentan. Ante tan dantesco panorama hay que reconocer  que indefectiblemente, Dios obró bien al poner finitud a todas las cosas, pero le debió pasar por alto el no adjudicar severos  límites a la imbecilidad, (K. Adenauer; A.Einstein).

Con todo, ¡ay Dios!, partiendo de que la esperanza es lo último que se pierde, y al papanatas, lo primero que se encuentra,conveniente será estar atento al progreso de la estulticia de quien la padece, siendo un signo aleccionador la postura que mantenga el desdichado frente a respuestas o conclusiones dadas, ya que si el ejemplar se mantiene tozuda e invariablemente en su opinión originaria, mal pronóstico presenta el zopenco; en cambio, si el individuo cavila, titubea o pregunta o matiza, aunque sea con torpeza,  la tontura podría llegar a curarse, para alegría del infeliz, pero sobre todo, para la  merecida paz de parientes y allegados.