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Lun, Dic

OPINION

Volvemos a las andadas, si alguien creía que con un nuevo estatut o una mejor financiación iba a cambiar la realidad independentista de Cataluña, es que se había tomado una dosis demasiado elevada de autoconsuelo, pensando que este gobierno haría magia política y el problema se acabaría en un plis. Los medios afines a Sánchez se han afanado en los últimos meses en poner contra las cuerdas al independentismo catalán, argumentando que estaban acabados y sin hoja de ruta. El gobierno viene especulando con la estrategia que "lo que viene siempre será peor, si hay elecciones". Es decir, confiándose en que los independentistas apoyarán sus presupuestos, buenos, los heredados de Rajoy, porque si no lo hacen vamos a ir a elecciones generales, y ahí es posible, que el "tanden PP - C's" salga victorioso y les retorne al 155. 

Visto este nuevo 1 de octubre, nos damos cuenta que el independentismo necesita, para retro-alimentarse, el peor de los escenarios posibles. No quieren un nuevo estatut, no quieren más dinero, quieren conflicto en las calles, confrontación en el parlament, ruido e imágenes de injusticia social proyectada al resto del mundo. 

El diputado de ERC, el "tal" Rufián, pese a ser un personaje irrisorio, apuntó en esta ocasión, con un acierto considerable, que hacer un referendun ahora podría tener más sentido para el estado español, que no hacerlo dentro de 10 o 15 años, cuando se coseche la educación independentista de todos estos 25 años de colegios manipulados contra la represión del estado español. Puede estar en lo cierto, puede que el conflicto vaya a peor en los próximos años, puede que el paciente esté en un estado tan sumamente grave, que o se mete el visturí para operar a corazón abierto, un 155 severo y consecuente con la realidad, o se darán los pasos suficientes para que Cataluña salga de España. El conflicto es real, y crece cada día, no está acabado, ni solucionado, es un coche en llamas cargado de combustible, y nadie le va a decir a aquellos catalanes que se les prometió una nueva república independiente, que era simplemente una pantomima política para obtener mejores condiciones de financiación con el Gobierno Central. Nadie se lo va a explicar y no van a escuchar a nadie.