23
Sáb, Feb

OPINION

El calendario de protestas y huelgas del taxi en Madrid está dejando sin aliento al sector, que concentra allí toda su artillería y que ve cómo pasan los días y no se consigue absolutamente nada. Garrido, un político incoloro, inodoro y sin gusto, ha conseguido frenar lo que parecía iba a ser el final de la movilidad en la capital del reino. Encumbrado, el sector del taxi ha dado tal propaganda al presidente de la comunidad que de estar en la sombra defenestrado, le ha hecho líder de audiencias por mostrarse implacable ante el acoso .

Y es que el sector del taxi no ha parecido entender la situación; su deficiente servicio público ha quedado en la más absoluta evidencia  ante la llegada de las VTC. Nuevas tecnologías que permiten un control sobre el gasto del cliente, una atención sublime, una limpieza extrema y una amabilidad notable, ha dado al traste con una anquilosada imagen romántica del taxista pícaro, a veces gruñón, faltón y mal vestido. No todos son iguales, hay excelentes profesionales al volante de muchos taxis en las ciudades españolas, pero el sector no ha corregido las deficiencias de sus propios trabajadores, y ha permitido que se devalúe su imagen, quedándose en desventaja frente a la competencia.

Todo el mundo que llega a una ciudad que no conoce teme el abuso del trasporte público, por no hablar de las tarifas abusivas de desplazamiento desde aeropuertos o estaciones de tren. Llamar a un VTC elimina dichos abusos al trabajar con precios cerrados por trayecto. Y es aquí donde el taxi tiene que evolucionar, no necesitan uniformarse de traje negro y corbata, tienen que avanzar con los tiempos que corren. A ciertas horas llamar a las asociaciones de taxi para pedir un servicio es inútil, nadie lo coge, líneas saturadas, escaso número de vehículos prestando servicio; y si aparece alguno, es posible que esté al otro lado de la ciudad y cuando llega a recogerte, tienes que soportar angustiado que el taxímetro ya lleva contabilizado un dineral . Indignante. No son las licencias más baratas o más caras, es el deficiente servicio que se ofrece a los clientes.

No estamos en contra del taxi, nunca, los ciudadanos piden un servicio más ágil, moderno, sin abusos y respetuoso con los usuarios. El sector del taxi genera riqueza y esa riqueza se queda en nuestras ciudades, no va a grandes fondos de inversión del extranjero. Hay que proteger el sueldo de autónomos  y profesionales del taxi, pero este tiene que dar un paso adelante, modernizarse; no aferrarse a quemar contenedores en la puerta de IFEMA, que lo único que ha conseguido es una animadversión hacia el sector.

Ofrezcan un mejor servicio y verán ustedes como la gente vuelve a confiar.